El exclusivo club de las Primas Ballerinas Assolutas

Marius Petipa convirtió a Pierina Legnani en la primera en ostentar este título honorífico en 1894.

Un raro honor reservado a excepcionales primeras bailarinas que han obtenido el éxito y la aclamación internacional. Estos son los criterios definitorios y relativamente ambiguos del título de Prima Ballerina Assoluta, sin embargo, no existe una claridad diáfana acerca de quién tiene la potestad para conceder dicha nomenclatura o cómo se sopesan estos amplios requisitos para conceder dicho título, sin parangón en el Olimpo de la danza. De hecho, el oscurantismo se extiende hasta el punto de no existir un pulcro y claro listado de las integrantes del exclusivo club de las Primas Ballerinas Assolutas.

Margot Fonteyn as Princess Aurora in Petipa's The Sleeping Beauty, Houston Rogers (1901- 70), about 1960. Al parecer, este reconocimiento surgió de los maestros de ballet italianos de Romanticismo para distinguir a aquella bailarina con tanto talento que brillaba por encima del resto. Se tiene constancia de que la primera en recibir oficialmente dicho título fue la italiana Pierina Legnani (1863-1930), miembro del Ballet Imperial del Zar en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Fue el propio Marius Petipa (1818-1910) quien la distinguió de tal manera en 1894. Dos son los grandes hitos de sobresalen en la trayectoria de Legnani. Su logro más recordado fue la introducción de los treinta y dos fouettés en tournant en la coda del paso de acción de Cenicienta (1893). Además, se convirtió en la primera bailarina que interpretó ambos roles protagonistas, Odette/Odile, en El lago de los cisnes (1895).

La amante del Zar Nicolás II (1868-1918), Mathilde Kschessinskaya (1872-1971), también integrada en la compañía de San Petersburgo, obtuvo dicha distinción en 1901, siete años después que su predecesora, aunque sin la aquiescencia del maestro marsellés Petipa, quien consideraba superior a Legnani. Como intérprete, Kschessinskaya destacó como la primera bailarina rusa que dominó la técnica de los treinta y dos fouettés. Al parecer, la relación personal entre la artista y el maestro francés fue complicada. Pese a respetarla como bailarina, en sus diarios, Petipa la tildó de «el pequeño cerdo repugnante». Entre las frivolidades anecdóticas que se achacan a Kschessinskaya se cuenta la historia de que cosió valiosas joyas auténticas al vestuario de princesa Aspicia de La hija del faraón, para la que portó su propia tiara de diamantes. Podía ser amable y encantadora con sus colegas como con la joven Tamara Karsavina (1885-1978) o cruel y despiadada como el trato que dispensó a Anna Pavlova (1881-1931), a la que entrenó para el papel de Nikiya en La bayadera. Kschessinskaya creía que la técnica de Pavlova era débil y que nadie podía superar sus logros virtuosos en ese campo. Por cierto, ni Karsavina ni Pavlova recibieron la distinción de Prima Ballerina Assoluta, lo que subraya lo volátiles que son los criterios de tal designación. Finalmente, tras la Revolución Rusa, Kschessinskaya se estableció en la Costa Azul y luego en París. En 1929, inauguró una escuela de danza por donde desfilaron futuras luminarias como dame Alicia Markova (1910-2004) o dame Margot Fonteyn (1919-1991), ambas sí reconocidas con la honorifica distinción que les permite acceder a este selecto club de estrellas excepcionales.

Made in England

Si bien el origen del título de Prima Ballerina Assoluta se ubica en la Rusia Imperial, este reconocimiento se extendió a otros países. Gran Bretaña cuenta con dos artistas con tal privilegio. Nacida como Lilian Alicia Marks, la inglesa Alicia Markova se unió a los Ballets Rusos de Diaghilev un mes antes de cumplir catorce años. Con la muerte del promotor, Markova volvió a Londres, donde se unió como Primera Ballerina a la actualmente denominada Rambert Dance Company. Dame Ninette de Valois (1898-2001) la invitó a formar parte del germen del actual Royal Ballet, en el que se integró en 1931 y donde formó pareja con sir Anton Dolin (1904-1983). Dos años después, en 1933, De Valois distinguió a Markova con el honor de Prima Ballerina Assoluta de la compañía británica.

Hubo de transcurrir casi medio siglo para que la inglesa Margot Fonteyn, cuyo nombre original era Margaret Hookham, también estrella del Royal Ballet de Londres, recibiera este excepcional nombramiento. Ocurrió en 1979, año de su retiro. Previamente, en 1956, se convirtió en dame Margot Fonteyn. Unida a la compañía británica desde 1933, con una consolidada carrera a sus espaldas, a la edad de cuarenta y dos años formó pareja inmortal con un joven Rudolf Nureyev (1938-1993) de veinticuatro. «La genialidad es otra palabra para referirse a la magia, y ese punto de magia es inexplicable», aseguró.

Entre Markova y Fonteyn, dos países comunistas, la URSS y Cuba concedieron el título de Prima Ballerina Assoluta a tres artistas. La superpotencia soviética nombró a Galina Ulanova (1910-1998) y a Maya Plisetskaya (n. 1925) de tal forma. «Aún no puedo hablar de la danza de Ulanova, es tan maravilloso que me he quedado sin habla. Ahora sabemos qué hemos perdido», señaló Fonteyn. Formada con Agrippina Vaganova (1879-1951), se unió al Teatro Mariinsky de San Petersburgo en 1928. Años más tarde, en 1944, fue transferida al Ballet Bolshoi de Moscú, donde ostentó el rango de Prima Ballerina Assoluta desde ese momento. Se retiró de los escenarios a la edad de cincuenta años y se dedicó después a la formación de las siguientes generaciones de bailarines soviéticos. Cuando Ulanova abandonó la escena en 1960, Maya Plisetskaya recibió reconocimiento honorífico que le incluyó en la privilegiada selección de las Assolutas. Desde su debut como cuerpo de baile del Bolshoi, la artista moscovita desarrolló una meteórica carrera imparable hacia la cima. La muerte del cisne la encumbró, debido a la fuerza de su interpretación, la altura de sus saltos y su rotundo carisma en escena. Roles como Odette/Odile de El lago de los cisnes o Aurora de La bella durmiente” resaltaron aún más su talento. A la edad de sesenta y cinco años, se retiró formalmente del Bolshoi. En la década de los ochenta, trabajó como directora artística del Ballet de la Ópera de Roma (1984-1985) y de la Compañía Nacional de Danza (1987-1989) en España.

Respecto a la isla caribeña, Alicia Alonso (n. 1921), nacida como Alicia Ernestina de la Caridad Martínez Hoya, fue distinguida como Prima Ballerina Assoluta en 1959. Tras un periplo internacional y con una consolidada carrera en el American Ballet Theater, Alonso regresó a la isla con el triunfo de la revolución, año en el que recibió esta máxima distinción al frente del Ballet Nacional de Cuba. Muy conocida por sus interpretaciones de Giselle y Carmen, Alonso permaneció encima del escenario hasta una edad muy avanzada. Su extensa carrera profesional ha sido muy laureada y ostenta múltiples galardones como el Premio Benois de la Danse (2000).

Otras socias del club

De origen suizo y nacionalidad americana, Eva Evdokimova (1948-2009), primera bailarina del Real Ballet de Dinamarca y del Ballet de la Ópera de Berlín, ostentó el cargo de Assoluta tras una célebre actuación con el Ballet Kirov en 1976. Formada en la escuela del Royal Ballet de Londres, el Real Ballet de Dinamarca y la Ópera de Berlín, bailó por primera vez Giselle en 1971, siendo ascendida a principal dos años después. Elegida por Nureyev para bailar el rol de Aurora en La bella durmiente, Evdokimova fue invitada por prestigiosas compañías como el Kirov, donde fue entrenada por Natalia Dudinskaya, el American Ballet Theater o el Ballet de la Ópera de Paris. Definida como el máximo exponente de bailarina romántica después de la desaparición de Olga Spessivtseva (1895-1991), sus interpretaciones de Giselle y La sylphide fueron memorables. Su repertorio personal incluía 125 roles entre obras clásicas, neoclásicas y contemporáneas. Falleció a la edad de sesenta años a consecuencia de un cáncer.

En 1984, la sueca Anneli Alhanko (n. 1953) y la sudafricana Phyllis Spira (1943-2008) se adhirieron al exclusivo grupo de Assolutas. Bailarina y actriz, Anneli Elisabeth Alhanko Skoglund estudió en la escuela del Ballet de la Ópera en Estocolmo, donde desarrolló su carrera profesional como bailarina. Por su parte, Phyllis Spira fue definida como «la joven Markova» por dame Ninette de Valois. Formada en Johannesburgo y en la Escuela del Royal Ballet, Spira retornó a su tierra en 1965, integrándose en el Ballet de Ciudad del Cabo. Casi dos décadas después, en 1984, el presidente de Sudáfrica le nombró Prima Ballerina Assoluta de la compañía. Su carrera terminó cuatro años después debido a una lesión. Murió a los sesenta y cuatro años a consecuencia de las complicaciones tras una operación de cirugía en ambas piernas.

La última en incorporarse al selecto club de Assolutas fue la italiana Alessandra Ferri (n. 1963). La Scala de Milán le concedió ese privilegio en 1992, por su estrecha colaboración mientras ella desarrollaba su brillante carrera en el American Ballet Theater (ABT). Ferri debutó en el Royal Ballet de Londres (1980-1984), antes de unirse al ABT (1985-2007), compañía que compatibilizó como invitada permanente del Ballet de la Scala milanesa (1992-2007) y donde formó pareja memorable con el argentino Julio Bocca. Se retiró de la escena a la edad de cuarenta y cuatro años.

Además de estas once Primas Ballerinas Assolutas, se suele considerar que ostentan el rango o se encuentran en situación equivalente la francesa Yvette Chauviré (n. 1917), definida por Nureyev como una «leyenda» y la americana Cynthia Gregory (n. 1946) a quien se refería como tal el célebre bailarín. De hecho, al no haber un sistema reglado en Estados Unidos para conceder esta titulación, se tiende a considerar a Gregory como la Prima Ballerina Assoluta del ABT. También se suelen mencionar los nombres de la francesa Sylvie Guillem (n. 1965) y la inglesa Darcey Bussell (n. 1969) en el Royal Ballet, seguidoras de la tradición iniciada en Gran Bretaña por Alicia Markova y Margot Fonteyn en la casa británica. Con una lista medianamente clara en cuanto a los once nombres de Assolutas y algunas designaciones más o menos dudosas, se podría decir que son todas las que están, pero no están todas las que son o fueron. Al igual que en los Óscar, hay flagrantes olvidos como Anna Pavlova o Carla Fracci en tiempos pretéritos, sin contar con algunas excelentes intérpretes actuales que bien podrían ostentar el rango de Prima Ballerina Assoluta, una rareza que, probablemente, se encuentra en vías de extinción. La mejor muestra, los veinte años que han transcurrido desde que se nombró a Alessandra Ferri, de momento, la última representante de tan exclusivo club.

Por Iratxe de Arantzibia
Danza Ballet Revista de Colección Nº5 – Octubre 2012

Iratxe de Arantzibia
es Periodista y Crítica de Danza

Crédito de la fotografía:
Margot Fonteyn as Princess Aurora in Petipa’s The Sleeping Beauty, Houston Rogers (1901- 70), about 1960.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies y Google Analitycs para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas, y de nuestra política de cookies, privacidad y RGPD ACEPTAR
Aviso de cookies